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febrero 01, 2020

A Gertrudis Gómez de Avellaneda.en el aniversario 147 de su muerte.





Se cumplen hoy 147 años de la muerte física de la poetisa, escritora, periodista y dramaturga hispano-cubana, Gertrudis Gómez de Avellaneda. La divina Tula, el blog que desde hace 10 años investiga, promueve y rescata la vida y obra de esta imprescindible artista del siglo XIX nacida el 23 de marzo de 1814 en Santa María de Puerto Príncipe, actual Camagüey, Cuba, y fallecida un día como hoy, hace 147 años, rinde homenaje, rescatando parte de las dos ofrendas periodísticas más importantes publicados en los días posteriores a su muerte física, acaecida un día como hoy, pero de 1873. El primero de ellos fue publicado el 13 de febrero de 1873, doce días después de su fallecimiento, y apareció publicado en El Imparcial, bajo la autorizada firma de la baronesa de Wilson, colaboradora, junto a Gertrudis Gómez de Avellaneda, de la publicación.
El segundo escrito, el más importante tributo a la poetisa, apareció publicado el 5 de febrero de 1873 por el periódico La Ilustración española y americana, bajo la autorizada firma del escritor Teodoro Guerrero, amigo personal de la poetisa. Aprovechamos y publicamos el retrato de Perea y Rico que insertó en su portada La Ilustración española y americana.
(Por razones de espacio, publicamos un extracto de cada homenaje).

Manuel Lorenzo Abdala
Blog, La divina Tula.


  
Con lágrimas en los ojos y con profundo dolor en el corazón, contristado el ánimo y sin encontrar apenas frases que puedan expresar lo que sentimos, vamos a ocuparnos de la irreparable pérdida que acaban de sufrir las letras españolas.
Gertrudis Gómez de Avellaneda, viuda de Verdugo, ha muerto; decimos mal; su lira ha quedado muda para siempre; pues su nombre de generación en generación, será repetido con respeto, con admiración y con entusiasmo. ¡Seres como la ilustre autora de Baltasar y de Alfonso Munio, no mueren nunca!
Su estilo enérgico, sublime, varonil, sus versos armoniosos, la belleza de los pensamientos, lo castizo y puro de su lenguaje, la han colocado en el primer puesto del Parnaso español y de la literatura de este siglo.
Hija de la pintoresca Isla de Cuba, vertía en sus producciones toda la poesía que encerraba en su alma la pasión y la impetuosidad, propias del carácter americano, revelando la grandeza da un poeta, más bien que la inspiración de una poetisa.
Sus ojos hablaban; su expresiva fisonomía conservaba la animación de la primera juventud, y el genio iluminaba su semblante como una aureola de inmarcesible gloria (…)

La baronesa de Wilson
El imparcial, 13 de febrero de 1873



     El genio, como el sol, llega a su ocaso,
      Dejando un rastro fúlgido, su paso

Si hay algo en la vida del hombre que pueda compararse al sacerdocio es el cultivo do la poesía, porque el poeta no encuentra compensación, sobro todo aquí en España, donde hacer versos se considera como una facultad inútil, concedida por la naturaleza a todos o a casi todos los seres contemporáneos; de esa mal concedida universalidad nace el desprestigio de la clase; es verdad: son muchos los llamados, pero pocos los escogidos. El gusto se ha estragado, y el hastío ha producido el desdén.
Zorrilla, con la riqueza inimitable de su lirismo, y Espronceda, con su desencanto desolador, imprimieron a la poesía carácter en su época, arrastrando a la juventud a la pobre y estéril imitación; el genio, aún en sus extravíos, pone un sello especial a sus obras, pero como los neófitos no pudieron copiar lo que de bueno tenía el género, la inspiración, lo bastardearon, por decirlo así, siendo causa de la postración actual de la poesía.
Los versos son un género sin valor en el mercado de las letras; difícilmente se encuentran editores para ensuciar el papel con la impresión de esas novelas que se venden a cuarto el pliego, destinadas a entrar por debajo de las puertas do las casas para llevar a ellas las doctrinas más disolventes, para sembrar en el alma de la juventud inexperta la semilla de todos los vicios, para destruir los lazos de la familia, para hacer cruda guerra a la virtud; en cambio, no hay un editor que se atreva a dar a la estampa una colección de poesías, siquiera lleve al frente el nombre de los más ilustres vates de nuestros tiempos: Gertrudis Gómez de Avellaneda, por ejemplo.

(…)

Pero ¡la escritora laureada ya no existe! El día 2 de febrero, un momento antes de esconder en la tierra su cadáver, contemplé aquellos ojos inmóviles, aquellos labios contraídos por la implacable muerte; por su ancha frente, que revelaba el quid divinum que allí se había aposentado, me pareció ver que vagaba el genio de la poesía, murmurando estos versos que ella había escrito para Heredia, el gran cantor del Niágara:

«No más, no más lamente
Destino tal nuestra ternura ciega,
Ni la importuna queja al cielo suba
¡Murió!... A la tierra su despojo entrega,
Su espíritu al Señor, su gloria á Cuba;
¡Que el genio, como el sol, llega á su ocaso,
Dejando sin rastro fúlgido su paso!»


TEODORO GUERRERO.
La Ilustración española y americana,
5 de febrero de 1873.




marzo 22, 2017

POESÍA Y ONOMÁSTICA (homenaje)



El Día Mundial de la Poesía, propuesto en 1999 por la Unesco, se celebra cada 21 de marzo (equinoccio de primavera, en el Hemisferio Septentrional) con el propósito de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo. Este evento que fortalece la cultura en nuestro planeta se realiza en importantes capitales del mundo como París, Ámsterdam, Berlín, Madrid, así como en otras ciudades alrededor del mundo. En Europa es llamado Primavera de los Poetas.

Hoy (por ayer 21) celebramos esa gran fiesta recordando una imagen de Gertrudis Gómez de Avellaneda, aquí, en su blog, páginas que han estado  “reposando” durante casi una gestación humana y que muy pronto verán nuevamente la luz.

En el retrato, curiosamente poco conocido de la poetisa, vemos una muy joven, voluptuosa e imponente Gertrudis Gómez de avellaneda. La obra fue realizada en el año de 1840 recién llegada a Madrid. La pintura (óleo sobre tela 125,4 cm X 94,6 cm) autoría del conocido pintor Antonio María Esquivel, actualmente se encuentra en el Museo de Bellas Artes de La Habana, Cuba, propietaria de la obra.

El óleo, que a principios del siglo XX perteneciera a Lázaro Galdiano, así como lo es el fabuloso y muy conocido retrato de la poetisa realizado por Federico de Madrazo, que aún conserva el famoso museo madrileño, fue expuesto por última vez en la península en el Palacio Episcopal de Málaga en el año 2000. Y desde entonces corona magistral una de las salas del Museo de Bellas Artes de La Habana, Cuba.

Igualmente queremos añadir que mañana nuestra Tula cumpliría 203 años, y en su honor publicamos una de sus mayores creaciones líricas, titulada, ADIÓS A LA LIRA. Esta poesía fue compuesta en agosto de 1844 durante un momento de flaqueza muy difícil de su tormentosa vida, pero de un valor excepcional. La Avellaneda acababa de enterarse que había quedado embarazada de Gabriel García Tassara y pensó que era el fin de todo... Gracias a Dios, La divina Tula –como se le conoció en vida y como se le recuerda 144 años después de su muerte–, continuó componiendo para deleite de sus contemporáneos y futuras generaciones.

Y el mundo siguió a sus pies, como lo que fue, una reina.


Manuel Lorenzo Abdala





ADIÓS A LA LIRA
(IMITACIÓN DE LAMARTINE)

Hay en el brillante estío
Lánguidas, inertes calmas;
De luz y vida la tierra
Parece hallarse cansada.

    En las horas más ardientes
El movimiento hace pausa;
Su cáliz plegan las flores;
Sus alas encoge el aura.

    Así del hombre en la vida
La edad más fuerte y lozana,
Parece que al pensamiento
Marchita las frescas galas.

    La ilusión se descolora,
Languidece la esperanza
Y a los tonos de la lira
No se presta la garganta.

    El ave de voz más dulce
No siempre gozosa canta,
Que en el ardor de la siesta
Yace muda en la enramada.

    Solo saluda su acento
La luz benigna del alba,
Y en la tarde se despide
Del crepúsculo que pasa.

    En vano ¡oh lira! tus cuerdas
Armónicos sones guardan,
Llegó para mí el estío,
Y goza su siesta el alma.

    ¡Ven, de mis ojos recibe
Esta lágrima... y descansa!
Sobre tus cuerdas sonoras,
Corrieron ¡oh lira, tantas!

    Es el tesoro que abunda
En aquesta tierra ingrata,
Do tienes por solo adorno
De ciprés mustia guirnalda.

    Toda voz que al viento envías
Es melancólica, infausta,
Que el ruiseñor y el poeta
Para lamentarse cantan.

    Enmudeces en las dichas,
Que solo sabes llorarlas,
Y eternizar sus recuerdos
Después que volaron raudas.

    Así mi fiel compañera
Siempre fuiste en la desgracia,
E ibas conmigo entre sombras
A una tumba solitaria,
    Do en tanto que yo gemía,
Besando la losa helada,
Los céfiros de la noche
En tu centro suspiraban.

    Jamás cautiva te tuve
Al umbral de regia estancia,
Ni de ensañados partidos
Atizaste la venganza.

    Libre como el pensamiento,
Y cual él altiva y casta,
Fuiste siempre un eco digno
De afectos nobles del alma.

    ¡Cuántas veces en las selvas
Saludaste la alborada,
Y despertando a tu acento
Respondió el ave en las ramas!

    ¡Cuántas el astro fulgente
Tu despedida oyó blanda,
En tanto que lo cubrían
Nubes de púrpura y gualda!

    También del mar en los llanos,
Buscando extranjera playa,
Al silbar el viento ronco,
Al mugir las olas bravas,
    Tus agrestes armonías
Volaban sobre las aguas,
Como el pájaro atrevido
Que se mece en la borrasca.

    Tal vez ¡oh lira! a volverte
A la mano que hoy te lanza,
Del porvenir llegue un día
Que ya el destino señala:
    En aquellos años tristes
Que anteceden a la parca,
Que se acerca silenciosa
Su quietud brindando larga.

    A los hombres el olvido
Juventud nueva prepara,
Y luce siempre más viva
La lámpara que se apaga.

    Igual el céfiro puro
Sopla en la tarde y el alba,
Y juega en nacientes rizos
Como en cabellos de plata.

    La vejez no abate a Homero,
Aunque de nieves cargada,
Y la luz del pensamiento
Al ciego Milton le basta.

    Así yo... mas ¡ay! acaso
Me seduce ilusión vana,
Y el triste adiós que articulo
Será eterno, lira amada!

    ¡Acaso el destino impío,
Que tan tenaz me maltrata,
En el piélago del mundo
Naufragio horrible me guarda!

    Del huracán al bramido
Será mi voz sofocada,
Arrastrándome las olas
Cual esas ligeras algas.

    ¡Más vive tú, dulce lira!
Sigue el curso de las aguas,
Sigue el impulso del viento
Y escollos y sirtes salva;
    ¡Y la huella armoniosa
Que traces, siguiendo vaya,
En los aires suspendida,
De cisnes la turba alada!



 Madrid, agosto de 1844