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marzo 08, 2015

Gloria y condena de una vida azarosa (III parte)

Cabecera en portada del periódico universal El Laberinto. Madrid 16 de noviembre de 1843.

El blog La divina Tula, recordando el día Internacional de la Mujer y felicitando a todas, ya sean ellas, escritoras, hermanas, poetas, amigas, ingenieras, madres, enfermeras, campesinas o astronautas, publica hoy la tercera parte, de la conferencia, impartida por Manuel Lorenzo Abdala (Investigador de la Avellaneda y coordinador general del blog) el 30 de junio de 2014 en la sala María Zambrano del CCHS (Centro de Ciencias Humanas y Sociales) del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas)  sobre la poetisa, escritora y dramaturga  homenajeada en el año de su bicentenario, y cuyo titulo fue:

Gertrudis Gómez de Avellaneda: Gloria y condena de una vida azarosa (1843-1846)

Manuel Lorenzo Abdala


(3ª parte)

1844.

El Laberinto[1], comenzó su andadura de 1844 con la publicación de “Espatolino”,  novela que al parecer ya estaba concluida. Entre los meses de enero y mayo  Diario de avisos y hasta El Heraldo se encargaron de publicitar cada nuevo capítulo de la novela. Al finalizar enero se publicó Viaje a La Habana[2] y en febrero es posible que se realizara el mencionado primer gran viaje a París, respondiendo a la invitación cursada el año anterior.

Carlos Manuel de Céspedes[3], joven abogado cubano instalado en París, y su esposa María del Carmen –conocida como Carmelita-, se relacionaban con la cultura, la economía y hasta con la alta política francesa. El matrimonio residía en la la mítica Rue Jacob, salón muy frecuentado por los principales políticos y artistas del momento[4]. Desde el año anterior la prensa extranjera publicaba alguna que otra referencia de la joven revelación literaria española. Y digo española porque Cuba estaba unida a España en aquel momento (La cubanía de Gertrudis Gómez de Avellaneda, desde nuestro punto de vista, fue y es incuestionable).

Las fiestas en el número doce de la Rue Jacob se tornaron interminables. Fueron ocho semanas “muy intensas”, nos cuenta Monseñor de Céspedes (fallecido en 2012 y a la sazón nieto del joven abogado que nos ocupa), durante las cuales la poetisa asistió a las innumerables soirées que se recuerdan en París por aquellos días.


Reunión de amigos (Carboncillo), Joseph Benoit-Guichard. Paris, 1844.
A la izquierda, sentada en primer término, Gertrudis Gómez de Avellaneda.


De la fabulosa y desmesurada visita, agrega Monseñor de Céspedes[5], ha quedado un retrato al carboncillo[6] que realizó durante una de aquellas tertulias el pintor francés, Joseph Benoit Guichard. Este boceto, desconocido, o al menos no tenido demasiado en cuenta, es la prueba gráfica de la presencia de la joven  Avellaneda en París durante aquella temporada.

El 24 de abril la poetisa reanuda correspondencia con Cepeda[7]. La carta está fechada en Madrid por lo que debió regresar de París, al menos unos días antes. Casualmente María Cristina y su esposo, proscritos ambos en la capital del Sena, regresan a España por la misma fecha. Madrid vive intensos movimientos políticos: el general Narváez forma un nuevo gabinete ministerial, mientras El Laberinto inserta el conocido soneto de la poetisa, “Al monumento del Dos de Mayo”[8]. El patriotismo brota por doquier. Como se puede apreciar, convergen nuevas casualidades.

Durante el resto de mayo y los primeros días de junio la escritora se dedica a los ensayos finales de su obra Alfonso Munio. Y mientras tanto, Gabriel García Tassara, que desde hace tiempo intenta conquistarle -al igual que Pedro Sabater- se consagra a publicitar, con extrema galantería, la tragedia en El Heraldo[9]. El Espectador y La Posdata se unen a la causa, igualmente gracias a Tassara, a Sabater y también al general Narváez que ejercía una gran influencia sobre esos medios de prensa[10]. La Avellaneda, henchida, radiante,  agasajada, está más que agradecida.

Todo parece indicar que las circunstancias dadas fueron favorables para Gabriel García Tassara en su interés por conseguir el favor que buscaba en la Avellaneda. El trece de junio se estrenó Alfonso Munio. El éxito fue arrollador[11].

(…) Concluida la representación, la joven autora fue llamada á la escena, y a su vista se renovaron las aclamaciones cayendo a sus pies un gran número de coronas (…) La bella poetisa ha sido llevada puede decirse que en triunfo hasta su casa por sus numerosos amigos y admiradores; y en los momentos en que escribimos estas líneas (sic), á la una de la noche, se la está dando una serenata al pie de sus balcones.[12]

Con el estreno de Alfonso Munio la Avellaneda se ganó, definitivamente, su lugar en el corazón del público dramático gracias a su arte y galantería extremos. Esa noche nació un mito. Se convirtió en la gran diva de Madrid. Pero también fue la noche en que cayó (no sabemos si para bien o para mal) en brazos del galán triunfante -García Tassara- que la llevó hasta su alcoba.

 Si hasta ese momento sus labores literarias le ocupaban las horas de todo el día, a partir de entonces las noches fueron invadidas igualmente, cediendo parte de ellas para dedicarlas a su nuevo juguete y entretenimiento, García Tassara, escritor y poeta por el que casi llega a enloquecer.

1844 fue el gran año de la Avellaneda, el despegue definitivo. Pero también fue el de dos sucesos inesperados en su vida, amargos por las circunstancias: su embarazo fruto de la relación con el dandy Tassara y el inmediato abandono de éste al conocer el resultado de su capricho.

El 1º de agosto se publica, La noche del insomnio y el alba, - brillante obra en la poesía avellanediana- poema lleno de imágenes y figuras retóricas, en clara alusión a su estado emocional[13]. El 27 ya se habla del estreno de El Príncipe de Viana[14] y curiosamente, ese mismo día -cuando la Avellaneda tiene unas cinco semanas de embarazo-, se anuncia un futuro viaje de la poetisa a Francia e Italia[15], viaje este que nunca se llegaría a realizar.

Tula había sido etiquetada en otros tiempos de salvaje, de loca, de antinatural y hasta de atea. Las circunstancias actuales corroboraban dudas para algunos de sus más fieles detractores. Pero no todos los que la rodeaban eran falsos y viejos moralistas. Desde el principio, tuvo el apoyo incondicional de sus amigos más cercanos, incluyendo a Pedro Sabater, estrechamente vinculado al entorno de Narváez y del recientemente nombrado duque de Riansares[16].

En los primeros días de octubre concluyó Guatimozín[17]. El siete fue el estreno de El príncipe de Viana[18] y el trece se oficializó el matrimonio entre la reina madre y su marido el duque de Riansares.

Durante aquellos nueve meses de embarazo, la Avellaneda se ganó el respeto de sus amigos y hasta de sus enemigos que no se atrevieron a comentar nada al respecto. La escritora se refugió en la creación. Tradujo textos, compuso varios poemas y en tan solo tres días, escribió, Egilona[19], drama en el que plasmó sus desgracias y hasta cierta culpa.

Continuará el 14 de marzo.

Para leer las anteriores partes de la conferencia pinche sobre ellas: 1ª parte;  2ª parte.

Notas:



[1] Revista quincenal ilustrada que aparece el uno de noviembre de 1843 con el subtítulo de “periódico universal” y con centenares de grabados, dirigida por Antonio Flores (1818-1865) y de la que es propietario, editor e impresor el librero y periodista Antonio Boix. Entre 14 y 16 páginas, contiene artículos biográficos, bibliográficos, de historia, filosofía, comercio, crítica literaria, teatro, costumbres, bellas artes, viajes, música, modas y sucesos, tanto nacionales como extranjeros, así como composiciones poéticas, además de anuncios comerciales.
 Cuenta con una larga nómina de colaboradores: Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880), Enrique Gil y Carrasco (1815-1846), Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1877), Carolina Coronado (1823-1911), Evaristo San Miguel (1785-1862), Antonio Alcalá Galiano (1789-1965), José Zorrilla (1817-1893), Tomás Rodríguez Rubí (1817-1890), Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), Pedro Madrazo y Kuntz (1816-1898), Antonio Gil y Zárate (1793-1861), Gavino Tejado Rodríguez (1819-1891), José Amador de los Ríos (1818-1878), Jacinto de Salas y Quiroga (1813-1849), Cayetano Rosell y López (1817-1883), Leopoldo Augusto de Cueto (1815-1901), Mariano Soriano Fuertes (1817-1880), Agustín Esteban Collantes (1815-1876), Manuel Cañete (1822-1891), Juan del Peral (-1888) y Juan Pérez Calvo (-1870), entre otros. Entre los autores de los grabados aparecen Ortega, Gaspar y Castello.
A partir del uno de mayo de 1845, debido quizá a desavenencias entre Flores y Boix, su colaborador Antonio Ferrer del Río (1814-1872) se hace responsable de la dirección y edición, con el subtítulo “revista pintoresca del Tiempo y del Globo”, publicándose los lunes para los suscriptores de estos dos diarios y con ocho páginas. Su último número es del 20 de octubre de 1845.

[2] La Luz riojana, 28/01/1844, p 8. y Diario de Avisos, 4/02/1844, p 2.,  Ambos periódicos anuncian la novela, precedida por la biografía de la condesa de Merlín, escrita por la Avellaneda.

[3] Entonces era muy famoso entre la intelectualidad parisina. Con los años llegó a ser un líder independentista cubano, Mayor general del Ejército Libertador y Primer Presidente de la República de Cuba en Armas.

[4] Los compositores Richard Wagner y Frédérick Chopin, el poeta Charles Baudelaire, la condesa de Merlín y Prosper Mérimée, el barón de Humboldt, el pintor Joseph Benoit Guichard, Honoré Balzac, George Sand, el ministro de relaciones exteriores de Francia, François Guizot, amigo personal del joven abogado y también del general Ramón María de Narváez. Como podrá comprobarse, una gran familia de políticos y literatos.

[5] Al respecto monseñor de Céspedes se hace eco de las investigaciones históricas realizadas por Raúl Ernesto Chao para su novela histórica CONTRAMAESTRE. Dupont Circle Editions, Washington, London, Sydney, 2006.

[6] En el famoso carboncillo aparecen, de pie -de izquierda a derecha-, María del Carmen de Céspedes, Domingo Del Monte y Carlos Manuel de Céspedes; sentadas, Gertrudis Gómez de Avellaneda en primer término, y su lado Rosa Aldama; y a la derecha, interpretando al cello una canción de moda, Miguel Aldama, hermano de Rosa.

[7] Cfr. carta Nº 29 Autobiografía y cartas. Imprenta Helénica, Madrid 1914.

[8] “Al Monumento del Dos de Mayo”, soneto. El Laberinto, 01/05/1844, p 12.

[9] Curiosamente Tassara y Sabater eran conocidos (no sabemos si amigos), y colaboradores habituales en El Heraldo y otras publicaciones.

[10] La Posdata llega a anunciar, antes de estrenarse Alfonso Munio, que la poetisa escribe un nuevo drama, “El Príncipe de Viana” (La Posdata, 5 de junio de 1844, p 3)

[11] La tragedia Munio Alfonso fue representada por primera vez el 13 de junio de 1844 en el teatro de la Cruz bajo el título original de Alfonso Munio. Asistieron al estreno, entre otras personalidades no menos importantes, la duquesa de Villahermosa, la condesa de Campo Alange, la marquesa de Perales, la marquesa de Legarda, los marqueses de Ayerbe y la condesa de Montijo, acompañada de sus hijas Francisca (futura duquesa de Alba), y Eugenia (futura emperatriz de Francia). También asistieron Ramón María de Narváez y su esposa, Juan Nicasio Gallego, José Manuel Quintana, José Zorrilla, Manuel Cañete, Bretón de los Herreros, Antonio María Ojeda, Eugenio Hartzenbusch, Ignacio Boix y otros. Así como una representación de los enemigos más acérrimos de la autora que se vieron obligados a aplaudir, Aunque el 1 de julio, su gran enemigo, Martínez Villergas publicó una felonía en El Domine Lucas. cfr. “Preludio para un iluminado bicentenario VI” La divina Tula, 25/09/2013.

[12] El Heraldo, 14/06/1844, p 4.

[13] El Laberinto 1/08/1844, p 7.

[14] El Clamor público, 27 /08/1844, p 4.

[15] El Eco del comercio, 27 de agosto de 1844, página 4. “Se añade que la bella poetisa nos dejará en cuanto se represente El Príncipe de Viana, para hacer un viaje, que desde Paris se prolongará tal vez hasta las principales ciudades de Italia, y será un verdadero paseo artístico”.

[16] El 23 de junio Isabel II había otorgado el titulo de duque de Riansares al marido de su madre para en el mes de octubre poder oficializar el matrimonio entre ambos.

[17] Esta novela fue dedicada a Ramón María de Narváez, duque de Valencia.

[18] Tragedia en cuatro actos y en verso, obra dedicada a D. Manuel José Quintana (cfr. Prado Más, 2001, 198-235)

[19] La obra fue dedicada a su gran amiga y primerísima actriz Bárbara Lamadrid. No se estrenó hasta junio de 1846. (cfr. Prado Más, 2001, 243-284)

abril 08, 2013

ESPATOLINO

 
Introducción


Espatolino, es una emocionante novela de aventuras basada en la vida de un famoso brigante italiano durante la ocupación francesa de Nápoles.
 
Tanto como Robín Hood, Espatolino roba a los ricos para dar de comer a los pobres, vengándose de la injusta y desequilibrada sociedad imperante.
 
El “bandido” actúa entre Roma y Nápoles, donde tiene una red de agentes y espías que lo mantienen al tanto de los movimientos del gobierno, de la policía, y de las rutas de viajeros. Es ágil y diestro con las armas y su nombre es una leyenda a lo largo del país. Pero un día conoce a una bella joven: Anunziata… Y a partir de ese momento las cosas cambian para él, se enfrenta entonces a un adversario muy difícil de vencer.
 
A través de sus vivos retratos y apasionadas conversaciones, la autora describe y denuncia las intolerables condiciones de las prisiones y los crueles métodos penales de su tiempo.
 
El conocido escritor, político, militar y cervantista Luís Vidart Schuch, en Consideraciones generales sobre la novela moderna, aplicada a las obras literarias de Gertrudis Gómez de Avellaneda, escribió en 1870 lo siguiente:
 
 
Sigue la Sra. Avellaneda en su novela Espatolino la misma tendencia de humanitaria benevolencia, que ha inspirado las páginas del Artista barquero. Espatolino, el famosísimo bandido italiano, ha llegado al mal, no obstante sus elevados instintos, por circunstancias terribles en que le ha colocado la suerte. Espatolino ha visto en el mundo a la hipocresía usurpando el puesto de la virtud; al interés mezquino vendiendo al amor; a la perfidia vil disfrazándose bajo el velo sagrado de la amistad; al libertinaje del poderoso queriendo pagar con oro la honra del desvalido; a la desgracia humana, en fin, confundiendo al crimen y a la desgracia en una misma ignominia, en esos establecimientos penales cuyas defectuosísimas condiciones los hacen más bien focos de corrupción contagiosa que no asilos de corrección y enseñanza.
 
El bandido italiano, tal como le describe la Sra. Avellaneda, viene a representar la protesta del individuo sublevado contra la ley social, por considerarla ineficaz para reprimir el mal, ya que no causante y fomentadora de este mal mismo.
 
Hallase además en Espatolino una ardiente y vigorosa condenación de la pena de muerte, que por más que haya sido defendida por filósofos tan ilustres como Manuel Kant y el hegeliano Vera, es lo cierto que hoy por hoy se ve rechazada por la dulzura de las costumbres modernas y por los pensadores más liberales que de filosofía del derecho en sus obras se ocupan. He aquí como la Sra. Avellaneda, sin salir de los límites de una fábula novelesca, escribe también un capítulo de la ciencia del derecho bajo el punto de vista del sentimiento estético.
 
 

Espatolino es la tercera novela de Gertrudis Gómez de Avellaneda, escrita cuando su autora aún no contaba con treinta años.
 
Motivado por el arrollador éxito editorial obtenido con las novelas anteriores, Sab y Dos mujeres, el director del conocido periódico de la época El laberinto, D. Antonio Flores, logra convencer a la Avellaneda, y adelanta su impresión como novela escrita, editándole de manera seriada en su boletín durante quince exitosas semanas consecutivas. Según puede comprobarse en diferentes publicaciones, El laberinto fue líder de ventas en 1844 gracias, entre otras cosas, a la serie de aventuras Espatolino. Sin embargo como novela impresa tuvo que esperar algunos años más debido, principalmente, a los éxitos dramáticos que se sucedieron a continuación en la carrera de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Pero no solo por ello; en 1844 la tesis de la novela no gustó demasiado a determinados sectores políticos y eclesiásticos, a pesar del progresismo reinante. No fue hasta 1858 que la imprenta de Luís García, editor de la prestigiosa colección Biblioteca literaria, ubicada en la calle de San Bartolomé número 4 de Madrid, decidió publicarle con la anuencia de los censores de turno (fiscalía de novelas) y el absoluto beneplácito de los reyes de España.


Con tan solo trece años, Isabel II leyó -escondida de sus consejeros espirituales- la serie en El laberinto. Y según auténticas fuentes palaciegas, la joven llegó a desear convertirse en la mismísima Anunziata, protagonista femenina de la serie. Isabel vagaba descontroladamente por los corredores de Palacio, clamando ser raptada por el mismísimo Espatolino. Lo curioso de todo es que, según se afirma en otros documentos aún no dados a la luz pública, lo mismo hacía su cándido primo y posterior marido, Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón-Dos Sicilias en efervescente competencia de adolescente romántico…
 
En 1870 Gertrudis Gómez de Avellaneda realiza algunos cambios y ajustes en el texto, y la novela es incluida en el volumen IV de sus obras completas.
 
Peor suerte corrieron sus anteriores obras Sab y Dos mujeres, que resultaron excluidas de dicha colección, algo que hasta nuestros días casi nadie ha podido explicarse.
 
Durante el siglo XX Espatolino ha tenido varias ediciones en diferentes países. A veces en publicaciones seriadas -imitando a su primera publicación-, a veces como novela en sí misma.
 
El blog La divina tula tiene el gusto de realizar una nueva edición, acompañada de pinturas y grabados de la época y del lugar donde transcurre la historia. Esperamos que nuestros lectores disfruten libremente, una vez más, de la obra literaria de una de las más importantes escritoras de Hispanoamérica en el siglo XIX.
 
 
Manuel Lorenzo Abdala
 
 
 
Portada del periódico El laberinto del 16 de enero de 1844, donde apareció publicada Espatolino por primera vez.
 

Página 62 de El Laberinto donde puede leerse parte del capítulo I de Espatolino. El resto de la novela aparece en las pp 63-65. Un ejemplar como este y los catorce siguientes fue el que leyó la adolescente Isabel II y su primo Francisco.
 
 
Dos ejemplos de diferentes ediciones de Espatolino. A la derecha la primera página de la novela publicada en 1858, y a la izquierda, la carátula de la portada del suplemento de la revista Jeromin que la publicó el 27 de octubre de 1932.

 

enero 26, 2013

Gertrudis Gómez de Avellaneda y la familia real

 
Jura de  Isabel II como reina de España. A la derecha detalle y ampliación del boceto. Las poetisas Carolina Coronado y Gertrudis Gómez de Avellaneda asisten al acto.
 
La Avellaneda en los actos por la mayoría de edad de Isabel II
Tula en la Jura de la Constitución
Poco, muy poco conocidos son los cuadros que se conservan en los que aparece Gertrudis Gómez de Avellaneda junto a la familia real española. El primero de ellos que reproducimos hoy (en realidad se trata de un boceto o es el resultado de varios bocetos iniciales), se encuentra en el Museo de historia de Madrid, y corresponde a la jura de Isabel II como reina de España, efectuada el 10 de noviembre de 1843, tras haber sido declarada mayor de edad.
 
Según nos cuenta el escritor y Catedrático en Historia del Arte, Carlos Reyero, el ayuntamiento de Madrid convocó un concurso público entonces, celebrado en 1844 para perpetuar aquella ceremonia oficial en una gran pintura (Pintura que nunca se llegó a realizar, solo quedó el borrador que hoy se exhibe en el Museo de Historia de Madrid). La obra se atribuye al pintor madrileño José Castelaro y Perea. En el boceto –continua Carlos Reyero- se aprecia la cabecera del Salón de Sesiones del Senado, con un gran dosel rojo, bajo el cual la reina Isabel II jura la constitución de 1837, en presencia de diversas personalidades de la realeza, civiles, militares y eclesiásticos, que asistieron a la ceremonia. Y no nos ofrece mayores detalles.

Pero nosotros sabemos gracias a las noticias de varios periódicos de la época que en aquella ceremonia estaba presente Gertrudis Gómez de Avellaneda. Tula asistió junto a Carolina Coronado, ambas acompañaban a Manuel José Quintana y a Juan Nicasio Gallego. Era la primera vez que La divina Tula asistía a un acto de tal envergadura. Pero como el cuadro no fue terminado, no tenemos la constancia y enumeración de los personajes que en él aparecen.  Ahora, si nos fijamos bien, en la parte inferior derecha del boceto -y a pesar de estar de espaldas-, aparecen las dos jóvenes poetisas Gertrudis Gómez de Avellaneda y Carolina Coronado, perfectamente reconocibles. Ambas vestidas esplendorosamente para la ocasión. En la composición que presentamos, hemos ampliado a las dos jóvenes para que pueda apreciarse con mayor claridad.


 

 
 Tula en la entrega de los premios florales



Artículo publicado por el periódico El Laberinto, 16 de enero de 1844. El periódico se hace eco del acontecimiento celebrado el 23 de diciembre de 1843 en el Liceo Artístico y Literario de Madrid. En la parte inferior se puede leer lo que se dice acerca de los versos de la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, y sobre ella misma...
 

Según artículos publicados  en 1910 y escritos por el poeta y crítico literario  de la época José Augusto Escoto, a finales del año 1843, y mientras muchos intelectuales cubanos mantenían algunas demandas con el gobierno de la Metrópoli (obstinado éste último en negar ciertos derechos políticos pedidos por la colonia), alcanzó Gertrudis Gómez de Avellaneda uno de sus más grandes triunfos literarios con la declaración en Madrid de la mayoría de edad de Doña Isabel II.
 
Para conmemorar aquel importante acontecimiento, el Liceo Artístico y Literario de la capital española celebró una suntuosa fiesta a la cual concurrió la famosa poetisa, que ya había asistido el mes anterior a la jura de la constitución de la reina, según hemos comentado ya en los párrafos anteriores. La divina Tula fue invitada de honor por expreso deseo de S.M Doña Isabel II., (Se dice que S.M. acababa de leer, a escondidas de sus confesores, Dos mujeres, la segunda novela de la Avellaneda, por la cual sentía y había expresado cierta curiosidad literaria). La Avellaneda, esplendida a sus veintinueve años, acudió a la cita con una composición que leyó a la joven soberana y allí, donde solo se fue a cantar, saltándose el protocolo, y levantando ella la voz, pidió a la muy joven soberana los derechos que sus paisanos reclamaban entonces en la colonia. Y se hizo el silencio. Al final de la oda, queriendo llamar mucho más la atención, y ante el estupor y admiración de todos, se inclinó ante la reina e improvisando sobre las estrofas finales de su oda, dijo:
 
Salud, ¡joven real! mientras su frente
A tu planta inocente
Esta patria del Cid gozosa inclina,
Recuerda que en los mares de Occidente,
—Enamorando al sol que la ilumina—
Tienes de tu corona
La perla más valiosa y peregrina;
Que allá, olvidada en su distante zona,
Do libre ambiente á respirar no alcanza,
Con ansia aguarda que la lleve el viento
, —De nuestro aplauso en el gozoso acento—
La que hoy nos luce espléndida esperanza.
 
Dicen las crónicas de la época que la reina suspiró profundamente y agradeció con un sutil gesto de aprobación. La lluvia de aplausos no se hizo esperar. La oda hizo furor en Madrid, y al día siguiente fue publicada por casi todos los periódicos de la corte. Durante varias semanas posterior al magno evento, en el café del Parnasillo, los versos fueron recitados una y otra vez por todos los románticos de la época, Zorrilla a la cabeza de ellos, junto a Bretón de los Herreros y Nicomedes Pastor Díaz.
 
De aquella comentada ceremonia es la litografía que reprodujo el periódico El Laberinto en enero de 1844 cuando estuvo listo el grabado que a partir del dibujo inicial, realizara el Señor Piquer. En la litografía, que reproducimos para la complacencia de los ávidos lectores del blog, se aprecia el justo momento en que S.M. hace entrega a la hermosa Gertrudis Gómez de Avellaneda de su respectivo premio floral.
 
Detalle de la Litografía publicada por El Laberinto el 16 de enero de 1844. Isabel II entrega el premio floral a Gertrudis Gómez de Avellaneda, a la que vemos de espaldas y arrodillada frente a la joven reina.
 
Hay un tercer cuadro, el más famoso y documentado de todos. Pero no lo vamos a tratar, al menos de momento. Será el 23 de marzo, cuando editemos un post acerca del mismo, y se cumpla, además, un nuevo aniversario del nacimiento de la autora y de la ceremonia que evoca ese famoso cuadro. Solo podemos adelantar que el citado acto tuvo lugar el 25 de marzo de 1855 en el Salón de Sesiones del Senado. Se trata de La coronación de Quintana, obra del pintor de la corte Luís López Piquer, que casualmente fue el mismo que realizó los dibujos iniciales para el grabado cuando la mayoría de edad de Doña Isabel II. Actualmente esa obra se encuentra expuesta por el Museo Nacional del Prado en una de las salas del Senado.
 
Manuel Lorenzo Abdala
 
Bibliografía:

·          Escoto, José Augusto. Gertrudis Gómez de Avellaneda: Cartas inéditas y documentos relativos a su vida en Cuba de 1859 a 1864. Colección Ilustrada, La Pluma de oro, 1911
·          Reyero Hermosilla, Carlos. Pintar a Isabel II: en busca de una imagen para la reina. P 241.
·          Pérez Garzón, Juan Sisinio. Isabel II: Los espejos de la reina. Marcial Pons Historia 2004 – 351 páginas.
·          Madrid, Museo Municipal. Isabel II jurando la Constitución (Boceto). José Castelaro y Perea.
·          López Piquer, Luís. La coronación de Quintana, óleo sobre lienzo 420 X 561 cm, obra depositada por el Museo Nacional del Prado en el Senado.
·          Periódicos: Diario de avisos de Madrid, El Espectador, Semanario pintoresco español, El Heraldo, El Laberinto (Noviembre-diciembre de 1843)