mayo 25, 2015

AMOR Y PASIÓN (Carta Nº 29)



LA AVENTURERA
(El "vicio", como tema, tratado en la escena española del siglo XIX)

Hoy ilustramos la carta Nº 29 con un grabado del teatro Variedades realizado por el ilustrador E. Varela. El estampado apareció publicado en el periódico La Ilustración en el año de 1849.
En el mencionado teatro (calle de la Magdalena número 38 de Madrid), un día como hoy hace 162 años, se estrenaba el drama de Gertrudis Gómez de Avellaneda, La Aventurera. La Obra estaba inspirada en otra homónima de origen francés, pero muy distinta. Tan diferente fue que se consideró como “drama original” por la solidez de sus pensamientos (altamente filosóficos y morales), dirigidos a criticar algo tan mal tratado e incomprendido tanto en la literatura como en la sociedad.
Mariano Zacarías Cazurro, uno de los críticos de aquellos días destacó el atrevimiento que supuso para la autora presentar el “vicio” en escena y la dificultad de superar el horror que aquello provocaba en el público (en su gran mayoría, practicante de una absurda doble moral), y salir airosa en el estreno y días siguientes. Otro crítico de entonces, Eugenio Ochoa, consideró que los textos de la autora superaban, con creces, a los originales de Emile Augier. Con relación a esto, María Prado Mas, experta en el teatro avellanediano ha dicho, hace pocos años, que:

        (…) como en casi todos los casos en los que la autora se ha inspirado en una obra conocida, la que ella escribe ha de considerarse original. En esta imitación le sirvió el proceso que había llevado a cabo en La verdad vence apariencias a partir del Werner de Byron; escribió sobre el mismo tema, pero cambió episodios, personajes, prescindió de lo que quiso (…) Lo que Augier trató cómicamente, ella lo convirtió en drama y lo trató con seriedad casi trágica.

Pero lo que no se ha dicho es que muchas de las escenas de La Aventurera fueron "arregladas" por Gertrudis Gómez de Avellaneda teniendo muy en cuenta el patrón que seguían las relaciones amorosas que mantenía con Antonio Romero Ortiz. Y eso que no hemos señalado lo que paralelamente estaba aconteciendo en otro teatro madrileño. Se ensayaba, parece que muy secretamente, otro drama, Hortensia. La obra fue estrenada tan solo 9 días después, el 3 de junio de 1853, en el Teatro del Príncipe. Resulta curioso que la Avellaneda no diera pista alguna en sus cartas sobre esta obra. Quizás fuese porque había demasiadas similitudes entre el conflicto de Hortensia, la protagonista de la obra, y el suyo personal: Ambas eran viudas y ambas estaban seducidas por un hombre mucho más joven que ellas y que solo buscaba el placer de la carne… Pero mejor sigamos disfrutando de la deleitosa correspondencia que pone de manifiesto la tesis que refrendamos tan deliberadamente. Y sobre Hortensia nos encargaremos más adelante.


Manuel Lorenzo Abdala





Carta número 29
[Lunes 23 de mayo de 1853]

        Querido Antonio: vengo del ensayo bastante tarde, pero no quiero dejar de ponerte siquiera cuatro líneas, saludándote, y diciéndote que puedo verte esta noche, si quieres, ya sea en el Príncipe ya en mi casa. Mañana probablemente no me será posible dedicarte ni un momento, y al día siguiente nos ocupará el estreno de la Aventurera; atendiendo a esa forzosa incomunicación de dos días, te consagro algunas horas de la noche de hoy, si no tienes otras ocupaciones; pero con la precisa condición de que nuestra entrevista no será un tête à tète, o al menos que no se tratará en ella nada que física o moralmente pueda agitarme en lo más mínimo, pues ya te dije anoche que mi indisposición se hacía sentir algún tanto, y no sigo muy buena: al contrario.
        Si no puede ser hoy nos veremos el jueves, caso que no puede ser tampoco el miércoles en Variedades.

        Adiós, querido mío, te ama

T.  


        Acabo de ver que no hay función en el Príncipe. NO queda más arbitrio que el que me visites en casa, o el bajar yo a los jardines. Si la noche no es muy mala haré lo segundo, aunque sea por poco tiempo; pero como absolutamente no quiero pasear en carruaje, sino a pie, si el tiempo no es tal que me permita hacerlo así, no saldré de casa esta noche. Tú vendrás, o no, según te parezca conveniente, en el caso de que a las 9 o poco más no haya bajado yo. Puedes estarte hasta las once y media o doce, suponiendo que resuelvas visitarme.

        Adiós otra vez, tuya



“hoy lunes.”