febrero 24, 2015

GOOGLE, DOODLE Y EL CONFLICTO AVELLANEDA


Hoy 24 de febrero nos hemos levantado comprobando que Google homenajea por el día de su nacimiento, con un doodle, a la gran escritora gallega Rosalía de Castro. Y lo hace recordando sus famosos versos: «Adiós, ríos; adiós, fuentes/adiós, arroyos pequeños; / adiós, vista de mis ojos, / no sé cuando nos veremos.»
El 31 de enero pasado el famoso buscador homenajeaba de la misma manera, a otra eminente gallega, a Concepción Arenal. Se cumplían 195 años de su nacimiento. Sin embargo al día siguiente, el 1 de febrero, se cumplían 142 años de la desaparición física de Gertrudis Gómez de Avellaneda, otra grande del siglo XIX y Google, a través de doodle no hacía recordatorio alguno.
Podría pensarse que el buscador agasaja a las personalidades recordando solamente los nacimientos. Pero todo parece que no es así. Nunca llegaremos a comprender los verdaderos criterios que se toman para ello.
El año pasado cuando el 23 de marzo se cumplía el bicentenario del nacimiento de la autora de Baltasar, Saúl, Dos mujeres y mil títulos más, enviamos a Google una nota para que no se olvidara e insertara un doodle en su memoria, sumándose de esa manera a los diversos actos y homenajes que por tan significativa fecha se celebrarían en toda la geografía española –y también a nivel Internacional-. Y para nuestro asombro, no apareció absolutamente nada en su famoso buscador. Para ellos la Avellaneda nunca existió.
No es ni remotamente Gertrudis Gómez de Avellaneda inferior a las escritoras gallegas homenajeadas recientemente, yo diría que todo lo contrario, sin desmerecer la otra parte. No. El problema radica en el origen de cada una de ellas. La Avellaneda nació en Camagüey (antigua Puerto Príncipe) ciudad de la isla de Cuba. Y al no ser española, peninsular, Google y hasta el Ministerio de Educación y Cultura la relegan a un inmerecido segundo plano. Y eso que cuando la Avellaneda nació, Cuba aún era parte de España. Esto me hace recordar una obra de la escritora, La dama de gran tono, en la cual trata el tema sin imaginar que sería protagonista de afrenta similar casi dos siglos después de muerta.

Entre nosotros la nacionalidad tan solo es de mal tono [para algunos]. Lo que nos caracteriza es lo que nos sienta mal; y con tal que no conservemos ninguno de aquellos rasgos que nos son propios, ya podemos, hombres y mujeres, cualquiera que sea nuestra clase, nuestra educación, nuestro talento y nuestros modales, presumir de acólitos del gran tono, o como dicen los franceses: comme il faut.

Es una pena que el conflicto de la nacionalidad –totalmente absurdo-, dure casi dos siglos. En vida, la famosa escritora lo sufrió por la parte contraria. En la muerte es España, nación que tanto y tanto le debe, quien la relega a planos inferiores, muy lejanos de su verdadera categoría como escritora, poetisa y dramaturga, la más importante del siglo XIX en toda Hispanoamérica. Y todo muy a pesar de que Marcelino Menéndez y Pelayo la considerase como “la más grande de todos los tiempos” y que una de sus composiciones, Amor y Orgullo, haya sido incluida entre Las Cien Mejores Poesías de la Lengua Castellana. Por cierto, única mujer en una lista repleta de hombres.
Esperemos que el 23 de marzo próximo, cuando la escritora cumpla 201 años, el buscador se acuerde de ella, aunque sea doscientos años después.
Y para que se enteren, aquellos que no sepan por ignorancia, quién fue la Avellaneda,  insertamos cuatro versos de esa gran obra maestra que hemos citado anteriormente y que el lector podrá disfrutar en su totalidad pinchando sobre el titulo:

(…)
¿Qué esperaste, ¡ay de ti!, de un pecho helado
de inmenso orgullo y presunción hinchado,
de víboras nutrido?
Tú -que anhelabas tan sublime objeto-
¿Cómo al capricho de un mortal sujeto
Te arrastras abatido?

¿Con qué velo tu amor cubrió mis ojos,
Que por flores tomé duros abrojos,
Y por oro la arcilla?…
¡Del torpe engaño mis rivales ríen,
Y mis amantes ¡ay! tal vez se engríen
Del yugo que me humilla!

¿Y tú lo sufres, corazón cobarde?
¿Y de tu servidumbre haciendo alarde
Quieres ver en mi frente
El sello del amor que te devora?…
¡Ah! Velo, pues, y búrlese en buen hora
De mi baldón la gente.

¡Salga del pecho -requemando el labio-
El caro nombre de mi orgullo agravio,
De mi dolor sustento!…
¿Escrito no le ves en las estrellas
Y en la luna apacible que con ellas
Alumbra el firmamento?
(…)


Manuel Lorenzo Abdala