marzo 25, 2012

La dama de Amboto


 

Anbotoko dama
Leyenda vasca


A Mari Recalde, In Memoriam

Hace algún tiempo tuve a bien de leer en la gaceta electrónica euskonews un artículo escrito por Raúl Guillermo Rosas von Ritterstein* sobre mi obra literaria de temática vasca en donde hacía especial hincapié en… “un aspecto algo descuidado de las circunstancias en cuanto a mi relación con Euskal Herria, la tierra de mi sangre, viendo cómo, a través de la compleja relación que se puede deducir de mis trabajos artísticos, se hace clara una paradoja que abarca -con evidentes sombras y laberínticas complejidades- a muchos escritores en iguales condiciones históricas, dentro y fuera de las disímiles unidades políticas que a ambas partes del Pirineo parcelan la tierra de los vascos. Un problema de educación, de conocimiento y de desconocimiento, que debe ser comprendido para poder ser enfrentado y superado: la identidad y, en función de ella, el derecho a la percepción, a la expresión, al desarrollo y a la transmisión de una historia y una cultura propias…”

Yo escribía en castellano, había sido criada por completo en el amplio seno de lo hispánico, y no conocía de euskera más que dos o tres palabras pese a los evidentes orígenes que por ambas ramas me unían a esa tierra. Pero con todo lo dicho y cuestionado, en mí producción literaria aparecen varios títulos que demuestran mi especial interés por Euskal Herría. Es por ello que a partir de hoy quiero dedicar al país vasco, esa sagrada tierra que tantas y tantas veces me acogió en su seno, una serie de dramas, leyendas poemas y novelas que me unen sentimentalmente a la tierra de mis antepasados.

“Al árbol de Guernica”, “El canto de Altabiscar”, “El príncipe de Viana”, “La flor del ángel”, “La bella toda y los doce jabalíes” Varios son los títulos que el lector podrá encontrar en mis obras completas (seis amplios tomos) referidas a la patria vasca, pero hoy quiero poner a consideración y juicio, “La dama de Amboto”, una particularísima recreación medieval de cómo veíamos la Edad Media, los autores del romanticismo. Es, la mil veces comentada leyenda de María o Mari, hija de los Urracas que habitaron el soberbio castillo de la cima de la montaña, y maligno fantasma castigado eternamente a ser agüero de fatalidades por haber, en un ataque de celos, asesinado a su hermano…
Muchos críticos han coincidido en sostener que esta leyenda fue únicamente una excusa para que yo rompiera una lanza a favor de la igualdad femenina… (Como si ya no lo hubiera hecho antes) Incluso hay quién sostiene categóricamente, como es el caso del argentino Raúl G. Rosas Von Ritterstein, que dijo al respecto: “No estarán muy desencaminados, (los críticos) puesto que si de algo carece la obra es precisamente de ambiente vasco, ya que podría jugarse asimismo en, por ejemplo, las fronteras escocesas tan puestas de moda por Scott, y nada se perdería ni se ganaría. Sin embargo, el mismo hecho de haber elegido al Amboto y a su misteriosa habitante señala la predilección de Gómez de Avellaneda por lo vasco, aunque más no fuera como entorno para su creación”
Sea cierto o no lo expresado por el cronista argentino y ajena a todo juicio crítico, os dejo con la dramática historia de esa encargada de las tormentas que es mi primordial cometido, llámesele María, Mari, ‘La dama de Amboto’, ‘Aketegiko dama’, o simplemente, ‘Anbotoko dama’, como se diría, y se dice,  en euskera.